Orientacuentos - El Mago Tricógenes Capitulo 3


Imaginad una mota dorada flotando en el aire, en un aula vacía. Pues ese era el mago Tricógenes, que en una de sus levitaciones mágicas, flotaba por la clase de 3ºB de un colegio del centro de la ciudad. Los gritos de los niños jugando en el patio entraban por la ventana abierta, contrastando con el silencio del aula. 

Tricógenes me contó que había acudido allí atraído por la tristeza de una niña, pero había llegado justo en el momento de salida al recreo y ahora, confundido, no sabía de quién se trataba. 
Pensó que esperaría a su regreso.

El timbre sonó y el terremoto de pisadas se hizo sentir cada vez más cerca, como una ola que fuese acercándose para ir a estrellarse en la playa. Tricógenes tuvo entonces la prudencia de elevarse casi hasta el techo. El revuelo de niños llegando al aula provocó sonidos de mesas y sillas chirriando por el suelo, que se mezclaban con las carcajadas y las conversaciones en voz demasiado alta. Cuando por fin la “profe” entró por la puerta, la algarabía fue cediendo y los alumnos fueron ocupando sus asientos, reduciéndose poco a poco el volumen de las voces. Poco después, la clase pudo comenzar.

En el desarrollo de la clase, Tricógenes localizó a la niña. La localizó desde el techo, así que lo primero que distinguió fue su cabello negro ensortijado, resbalándole por los hombros. Me aseguró que le dieron ganas de posarse en él y perderse entre sus rizos. Seguramente eran sedosos y olerían bien; sin embargo, enseguida percibió su tristeza. 
Bajó a posarse en su mesa, con total invisibilidad. Ella escribía en un cuaderno y pudo comprobar que mientras lo hacía, sufría porque su letra no le gustaba. Era una niña muy perfeccionista, bastante lista y aplicada, pero tenía una letra muy fea. Tricógenes se fijó entonces en su mano y distinguió una costura de piel entre su dedo índice y pulgar y supo que algo le había ocurrido.

-No te preocupes, María –le decía la maestra cuando al pasar a su lado percibió la rabia de la niña-. No será para siempre. Algún día tu letra volverá a ser tan perfecta como era antes de la operación. Es posible que solo haya que esperar un tiempo.

-Ya, ya lo sé –contestaba ella-. Pero es que no soporto ver esta letra deforme que me sale. Intento hacerla mejor, pero siento un dolor en la mano que…
-Es lógico, María. Procura tener algo de paciencia. Cuando menos te lo esperes, la buena letra que has tenido siempre, aparecerá.

Tricógenes no perdió tiempo. Se acopló cerca de su mano, sin ser visto. Quería pasar desapercibido. No necesitaba decir nada a la niña, así que solo tomó su gorro y sacó de él un hilo de plata del tamaño de la cicatriz. Era uno de los pelos de bigote de gato. 
Le pareció, según me dijo, que podía ayudar con los movimientos de la mano, ya que son buenos para el equilibrio y la coordinación. Lo puso con infinita delicadeza sobre ella, mientras la niña no dejaba de escribir. Y luego formuló el hechizo, en voz silenciosa para el oído humano:
“Hilo de plata, bigote de gato,
acaba en este momento la tortura.
Devuelve a María su escritura
y a la diestra mano, su mando.”

Al instante, la cicatriz se alumbró desde el interior, convirtiéndola en un reguero brillante de luz en la mano de María. Ella se sobresaltó ligeramente, pero el destello fue tan fugaz que enseguida reanudó su escritura. No podía creerlo. La letra que comenzó a hacer… ¡volvía a ser la misma de siempre! 

Terminó feliz el trabajo, golpeándole fuerte el corazón por la alegría, y se lo mostró a la maestra. Esta no pudo evitar emocionarse y abrazar a María.

-Se acabó, mi niña –dijo con ternura-. Por fin tienes el control de tu mano.

Tricógenes me contó la historia de María, para que yo supiese que él podía ayudar a todos esos niños con mala letra,  si es que no dependía de ellos. 

Ella la había empeorado por una intervención quirúrgica que tuvieron que hacerle en la mano, pero hay muchos niños que no consiguen escribir muy bien por otras razones. 
No os preocupéis. 
Nuestro mago siempre emplea alguna fórmula que os pueda ayudar, 
aunque sea un poco. 
Eso sí, para que su magia haga efecto, es fundamental que  vosotros queráis realmente mejorarla, como deseaba María.

Ana María López. Dpto. Orientación Hélade




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