ORIENTACUENTOS: Capítulo 1


EL MAGO TRICÓGENES
El mago Tricógenes es muy pequeño. Es más pequeño que su cónico sombrero, del que saca las cosas que necesita para hacer magia: un trocito de arco iris que brilla, un beso cálido, el aullido de un lobo, un poquito de lluvia de la que empapa la cara con gotitas muy pequeñas…

El  minúsculo Tricógenes es un gran mago que siempre encuentra a los niños tristes o en problemas. Él escucha las quejas de estos niños desde kilómetros de distancia y no tarda ni dos segundos en estar cerca de ellos para ayudarles con su magia. 

Seguro que muchos de vosotros no me vais a creer, pero os voy a hablar de mi amigo, el mago más pequeño que ha existido nunca. Pequeño de tamaño, claro, porque su magia es muy grande. Es la magia que más alegra, la que más cura el alma y sobretodo la que ayuda a los niños y niñas de este planeta, pues únicamente dedica sus dones y sabiduría a ellos. 


“Tricógenes es el mago de los niños y niñas de todo el mundo”


No siempre se deja ver. Solo lo hace cuando hace falta y puede ser que una persona le vea y otra no. Por ejemplo, si para ayudar a un niño no es necesario que le pregunte nada, ni tiene nada que decirle, tan solo hace magia para ayudarle y se va, sin dejarse ver. Por eso muchos de vosotros no le habéis visto nunca. 

¿Verdad que algunas veces, cuando habéis visto complicarse las cosas, de repente se solucionan como por arte de magia? 

Aunque no lo veáis, ahí está.Y cuando nos hacemos mayores, como yo, él solo se hace visible si somos necesarios para ayudar a algún niño.  Ese suele ser mi caso. Yo soy profe. Una profe de las que ayudan a los niños que tienen dificultades para aprender o que a veces se entristecen por algún motivo. Hay más niños de los que pensáis que necesitan ayuda y no siempre resulta fácil que se sientan mejor. Por eso tengo la suerte de verle muy a menudo, cuando viene a echarme una mano y me da alguna que otra pista: que si debo utilizar otro cuaderno, que si no he pensado en lo bien que se le da a esta niña dibujar, que compruebe que este niño ve correctamente porque tiene sus dudas, que si este otro es muy listo pero aún no lo sabe nadie…  ¡Es un gran ayudante!

En muchas ocasiones, el mago Tricógenes recorre las ciudades, los campos, los bosques y las montañas en busca de cosas para hacer magia. Él luego puede meterlo todo en su gorro mágico y tenerlo ahí para cuando haga falta.
Un día paseó por un apacible pueblo de montaña, pegadito a los muros, para no correr ningún peligro de que le pisaran por descuido. Al doblar una esquina, se topó con un dulce gatito

Los pelos del bigote del gato tienen propiedades para el equilibrio y por eso son valiosos en algunas fórmulas mágicas. 

“Tengo que cortar un poquito de uno de esos pelos como sea” - pensó. 

Entonces sacó de su túnica unas mini tijeritas y, de un salto rápido, como si de un “ninja” se tratase, logró apropiárselo. El gato simplemente acarició su bigote con la patita, como si algo le hubiera molestado un poco. Tricógenes lo guardó en su gorro y continuó su paseo.
Se encontró entonces con una fila de hormigas. Las hormigas eran poderosas para hechizos contra la pereza. Dan constancia, perseverancia y movimiento constante sobre aquello que caminan. Se quitó el gorro y lo intercaló en el desfile, esperando simplemente  a que entraran algunas. 
Una vez dentro del gorro, las cosas pasan a una dimensión desconocida, de donde solo puede extraerlas la sabia mano de Tricógenes. Por eso, las hormigas no volvieron a salirse.
Tranquilas, chicas –las susurró-. Os prometo que ahí dentro tendréis comida para todas.




Tenía ya pelo de gato y hormigas en fila. Siguió caminando y escuchó a una niña cantar una preciosa canción, sentada en el portal de su casa. Disimuladamente, con invisibilidad, se situó junto a ella en el escalón y se quitó el gorro, poniéndolo boca arriba, para que la canción entrase en él. 

Las dulces canciones de niña producen explosiones de luces de colores y son infalibles contra los miedos nocturnos. 
Con pelo de gato, fila de hormigas y dulce canción de niña en su gorro, se adentró en el bosque colindante y recogió también briznas de hierba fresca, ideales para eliminar los pensamientos tristes. Tricógenes me asegura que a muchos niños les asalta la tristeza a veces y él, con un poquito de esta hierba, consigue alejarla un poco de ellos. 

También agarró corteza de árbol para limar las vanidades infantiles, que hay algunos que se creen muy chulitos, ¿verdad? Y también pisadas de ratón, que hacen cosquillas en la tripa para producir la alegría. 


Tricógenes había cosechado aquel día un montón de útiles para su magia: pelo de gato, hormigas en fila, dulce canción de niña, briznas de hierba fresca, corteza de árbol y pisadas de ratón. Pero antes de darse por satisfecho, ascendió la montaña y recogió agua de lluvia, viento fresco, algo de paz y silencio y algunos ecos. Sabía que podían servirle para curar diversos males: agua de lluvia para la ansiedad, viento fresco para el nerviosismo, paz y silencio para la impulsividad y los ecos para fobias diversas. 

Pues… ¿sabéis? prácticamente todo lo utilizaría en poco tiempo. 
Ya os iré contando…

Ana Mª López Soriano
Dpto. de Orientación Hélade






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